Caminito, cumplió 63 años desde su creación un 19 de octubre de 1959

 Caminito, cumplió 63 años desde su creación un 19 de octubre de 1959

Porque ese paseo con casitas altas de madera y chapa, esculturas y ecos de tango, inaugurado el 18 de octubre de 1959, tiene todavía, a días de cumplir 63 años, “secretos” guardados.

El paseo más fotografiado según Googlee

Quinquela -el chico abandonado y adoptado por el carbonero Chinchella y su mujer que se convirtió en famoso pintor de barcos de colores saturados, cielos de fuego y oscuros hombrecitos encorvados por el peso que cargan en la espalda- dijo más: “Toda La Boca es un invento mío”. Y, afirma Víctor Fernández, director del Museo de Bellas Artes de La Boca Artistas Argentinos Benito Quinquela Martín y vecino del barrio desde hace más casi 40 años, no estaba tan equivocado.

Benito Quinquela Martin

Fernández lo explica siempre. Quinquela no sólo legó a La Boca una importante colección de pintura. En 1936 empezó a diseñar un “polo de desarrollo cultural, educativo y sanitario” en la ribera del Riachuelo. Arrancó con la fundación de la Escuela Museo Don Pedro de Mendoza. Siguió, en 1938, con el Museo. Y donaría terrenos para edificar un jardín de infantes (1944), un lactario (1947), una Escuela de Artes Gráficas (1950), el Instituto Odontológico Infantil (1957) y el Teatro de la Ribera (1971). No fue todo. Fernández sintetiza: “Había tangos que hablaban de los barcos que iban a recalar a un espacio turbio y brumoso pero, a partir de él, hay una postal a puro color del barrio”.

Claro que hay vecinos que se acuerdan de cómo nació Caminito y el Museo de Bellas Artes Quinquela Martín difundió su historia con visitas guiadas. La que dice que Caminito se llama así por el tango que musicalizó Juan de Dios Filiberto y se estrenó en 1926. Que Quinquela impulsó la instalación de esculturas y otras obras de creadores reconocidos. Que el espacio albergó al teatro de Cecilio Madanes: entre 1957 y 1973, puestas de Shakespeare y de otras figuras con los conventillos como escenografía y los vecinos actuando. Y que así se convirtió en usina de cultura popular, en museo a cielo abierto y en emblema del barrio y de la Ciudad de Buenos Aires.

Ya aludimos al ‘alma colorida’ que distinguía a una comunidad tan festiva como melancólica y sombría, que nunca dejó de percibirse como el revés de las instancias de poder simbolizadas por el centro de la ciudad”, indica el libro por publicar. Al mix entre criollos e inmigrantes llegados entre fines del siglo XIX y primeras décadas del XX, desarraigados y esperanzados a la vez. “En tiempos de un vertiginoso crecimiento urbano, mientras la arquitectura de Buenos Aires en clave gris se asimilaba a las principales capitales europeas, La Boca tomaba distancia”, agrega. “Todo parecería reducirse, en última instancia, a una atávica tensión entre identidades culturales moldeadas por pertenencias sociales.’Lo popular’, caótico, estridente, simple y colorido versus ‘lo culto’, ordenado, limpio, refinado, neutro”, dice. Y a la convicción de Quinquela por defender sus colores, “a los que andaré prendido -anticipó- hasta después de muerto”.

Para los festejos del cumpleaños -que, a principios de año, incluyeron una obra flotante, hecha con botellas de plástico, del italiano Michelangelo Pistoletto-, desde el Museo trabajan ahora en la extensión y renovación de la intervención sobre el paseo costero con los tonos originales de los muros de Caminito. “Le quisimos dar el sentido de Caminito derramándose por todo el barrio, que es un poco el concepto de Quinquela cuando pensó aquello de la ‘sonrisa de colores’ junto al Riachuelo. Ya había hecho Caminito y soñaba con que la experiencia, las calles asfaltadas y vivaces, se replicara”, señala Fernández. La familia fundadora. En esta esquina había una ferretería naval, la de los Cárrega. “Como la casa está en uno de los ingresos al pasaje, los hermanos Cárrega estuvieron entre los que más trabajaron para revertir el deterioro del lugar, que en 1954, cuando levantaron las vías del ferrocarril se había convertido casi en un basural”, señala Víctor Fernández. Y agrega: “Ellos fueron los que empezaron las obras de alisado del piso, quienes colocaron las estacas en la entrada para que no pasaran los vehículos de los que venían a tirar desechos y fueron los que fueron a ver a Quinquela para que los ayudara a transformar el lugar”. En Magallanes y Pedro de Mendoza.

Al Bombero Voluntario. Este monumento está cargado de historia porque los Bomberos Voluntarios son próceres de La Boca desde el origen del barrio. Lo dice Víctor Fernández y recuerda que el suyo fue el primer cuartel de Bomberos Voluntarios del país, por eso, en conmemoración de la fecha de su creación, 2 de junio de 1884, cada 2 de junio es el Día de Bombero Voluntario Argentino y se realizan actos alrededor de este trabajo, incluso con brigadas caninas. Es el único bronce del pasaje, obra de Ernesto Scaglia, y está presidiendo el ingreso desde Magallanes.

La vida es arte. Acá hay que hacer un esfuerzo de imaginación pero esta es la perspectiva desde la cual se accedía al Teatro Caminito, que dirigió Cecilio Madanes entre 1957 y 1973, dice Víctor Fernández. Y explica: “Los conventillos de la derecha eran parte de la escenografía de sus puestas y el escenario estaba de espaldas al Riachuelo. Había sillas metálicas de colores que donaron los vecinos quienes, a veces, eran parte de las obras. Los artistas solían usar las habitaciones de los conventillos como camarines improvisados. Y cuentan que los chicos, de tanto escuchar las obras, se las aprendían y repetían diálogos cuando jugaban. Parece que Madanes, cuando se enteró, decidió incorporar a algunos de ellos a sus puestas”.El color como tradición. El edificio más nuevo de Caminito fue levantado en 1964. “Para entonces, una ley ya decía que toda nueva construcción o intervención de edificios en el barrio debía ser aprobada por una comisión especial que integraba Quinquela. Es decir, la mirada y las elecciones cromáticas de Quinquela Martín pasaron a tener fuerza de ley”, marca Víctor Fernández. Y muestra que la intervención del pintor es evidente. “De hecho, los muros están revestidos con piedras de colores y en uno de los laterales se encuentra ‘Regreso de la pesca’, mural hecho con cerámicas, uno de los más imponentes de Quinquela que tiene el barrio”, completa.

Todo esto lo cuenta el libro “Una sombra ya nunca serás”, que Fernández y el Museo de Bellas Artes Quinquela Martín publicó para celebrar los 63 de Caminito.

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